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Un ex-misionero SUD habla sobre su enfermedad mental y volver antes de tiempo

Un ex-misionero SUD habla sobre su enfermedad mental y volver antes de tiempo


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A la misión cuando sea grande

Espero que me han de llamar.

Procuraré hallarme listo

Y como misionero orar y predicar…

No son sólo palabras de una canción de la Primaria. Son la letra y los sueños de niños y niñas de todo el mundo. La melodía se ha cantado siempre en la Primaria, los domingos, y muchos miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de toda la vida han disfrutado cantarla desde que tienen memoria.

Logan Groll de Winchester, Virginia, se imagina que ha estado cantando la canción desde la pre-existencia.

La espera de Groll finalmente llegó a su fin cuando le llegó su llamamiento misional para Manaus, Brasil, el 26 de marzo de 2013.

Yo puedo decir que este joven fue uno de los misioneros más preparados que he conocido en la iglesia, y he sido instructor de una clase de preparación misional de estaca. Tenía conocimiento, era confiado y había sido criado por dos de los mejores padres que un niño podría tener.

Por todas estas razones y más, muchos podrían sorprenderse por el tiempo que sirvió.

Elder Logan Groll fue llamado por 24 meses.

Sirvió menos de 12.

Poco después de recibir su llamamiento, Groll comenzó a reconocer síntomas de ansiedad y de trastorno puramente obsesivo-compulsivo. Pensando retrospectivamente, sus padres se dieron cuenta que él había mostrado comportamientos consistentes con ese diagnóstico desde la edad de 5 años.

POCD es diferente al trastorno obsesivo-compulsivo. Es menos acerca de conducta y más sobre pensamientos. Estos pensamientos intrusivos, desencadenados por el estrés, a menudo trabajan para convencer a la víctima de que han hecho cosas terribles a sí mismos y a otros. Groll a veces necesita que sus seres queridos le aseguren que no ha hecho nada malo.

Groll fue diagnosticado formalmente y vio a un terapeuta antes de entrar en el Centro de Capacitación Misional de Provo. A los pocos días de llegar, sus síntomas explotaron. A pesar de ser perfectamente obediente, y un compañero paciente y bueno, y con la comprensión de sus líderes, cada día era una lucha.

Groll no podía obtener toda la atención médica necesaria en Manaus, así que cuando sus compañeros en el MTC fueron a Brasil, Logan Groll fue a su casa en Virginia. Le dieron una autorización médica y seis meses para buscar ayuda y volver al campo.

Una fuerte dosis de terapia, medicación, oración, estudio de las escrituras y tiempo significativo con los misioneros locales lo prepararon para su retorno.

Sintiéndose listo, y con la aprobación del médico y una bendición de su presidente de estaca, Groll volvió a mandar sus papeles y fue llamado a la Misión de Spokane Washington.

Se reportó directamente al campo y tuvo un gran éxito y fue amado por misioneros y miembros por igual.

Entonces, inesperadamente su cabeza se llenó.

Las presiones y los rigores de la vida misional y la distancia a la seguridad del hogar hicieron difícil tener calma. Ataques de ansiedad regulares lo abrumaron por la noche y durante las reuniones. Los momentos desalentadores comenzaron a superar en número a los de confianza en sí mismo.

Un ex-misionero SUD habla sobre su enfermedad mental y volver antes de tiempo

Más que el momento ocasional de incertidumbre que todos sentimos en el curso natural de la vida, la familia y el trabajo, Groll vivió lo contrario. Sólo de vez en cuando su mente estaba tranquila y podía controlar sus pensamientos caóticos. Él hizo todo lo posible para permanecer en el campo. Su presidente misión Donald Mullen y su esposa, Melonie, fueron extraordinariamente cariñosos y lo apoyaron.

Groll se reunió con ellos, sus padres y un médico. Después de ayuno y oración, llegaron a la conclusión de que su corazón era capaz, pero su cuerpo no. Cuando Groll finalmente se sintió completamente en paz de que su trabajo estaba hecho, que el Señor estaba satisfecho con su esfuerzo, aceptó una invitación para terminar dignamente su misión y regresar a casa.

Cuando le pregunté a mi querido amigo si quería compartir su historia personal con el mundo, yo esperaba que él necesitaría tiempo para considerar y pensar seriamente si tenía el valor en esta etapa temprana de su vida de hablarle al mundo de sus asuntos privados.

Yo tenía razón. Necesitaba tiempo. Casi cinco segundos.

Durante una serie de reuniones cara a cara, correos electrónicos y mensajes de texto, este misionero me enseñó más sobre lo que significa servir con honor al Señor de lo que aprendí en mi propia misión más "tradicional" hace dos décadas.

Primero hablamos largo y tendido de la decisión inicial de volver a casa cuando sus compañeros del MTC se fueron a Brasil. "Yo sabía que no era saludable para mí ni para cualquier otra persona", dijo. "Yo sabía que tenía que solucionar cosas antes de volver."

Durante su tiempo en casa, Groll dijo que oró para saber exactamente lo que debía hacer en los próximos seis meses. "Recibí impresiones muy específicas que debía prepararme para volver y me condujeron a Doctrina y Convenios 11. Yo quería ir cuando El quisiera que yo fuera. Yo sabía que tenía que ser su voluntad, no la mía".

Groll confiesa que fue difícil reconciliar el sueño durante esos meses y a pesar de que estaba en casa, él continuó con ansiedad. Regresó con un terapeuta y continuaron experimentando con medicamentos y dosis. "Empecé a creer que a pesar de que no podía controlar mi ser físico o mi entorno, que podía controlar mi actitud y mi bienestar espiritual", dijo.

Cuando le llegó su nuevo llamamiento a la Misión Spokane, Washington, Groll instantáneamente supo que era una asignación divina. "Fue muy claro para mí que había gente a la que le había hecho promesas antes de esta vida para venir y enseñarles el evangelio. Y esas personas estaban en Spokane".

A pesar de las luchas continuas, Groll pensó que valía la pena el esfuerzo. "Yo quería ir y traerlos a casa conmigo", dijo. No a Virginia, aclaró con una sonrisa, sino a su hogar celestial.

Groll sirvió en dos áreas, Hillyard y Beacon Hill. En tanto que experimentó un éxito notable con sus compañeros que dijo que le cambiaron la vida para siempre. Pero en su segunda zona, a pesar de tanto a su favor, los ataques de ansiedad y pánico se intensificaron. A veces eran tan graves, que pensó que estaba teniendo ataques cardíacos. Lo condujeron a tener náuseas e insomnio que comenzó a afectar su trabajo.

"Oré mucho, muy intenso", dijo. "Pero me di cuenta de que mi cuerpo no daba más. Yo no tenía nada más que dar. Y no era justo para mi compañero".

Groll encontró consuelo en la expiación. "Estaba recordando que Cristo dio su todo. Así que no tengo que ser perfecto. Sólo tengo que seguir su ejemplo, dando todo de mí, también. Al hacer esto, incluso en medio de las pruebas, me allegué más al Salvador".

"Yo sabía que había cuatro personas que estaban complacidos con mi misión: yo, mis padres y Dios, y eso es todo lo que necesitaba."

Ahora, Groll seguramente que muchos otros también están complacidos. Miembros con quienes trabajó en Spokane hablan maravillas de su espíritu y ética de trabajo. Su presidente de misión y su esposa lo consideran uno de sus mejores misioneros.

Cuando la hermana Mullen escuchó su ex misionero iba a salir en público con su historia para inspirar a otros, pidió la oportunidad de contribuir.

"Elder Groll fue maravilloso", me dijo.

Los Mullens han trabajado con casi 600 élderes y hermanas en total.

"Todos ellos tienen al menos un poco de desafíos, y muchos de ellos tienen muchos", dijo la hermana Mullen. "Pero su trabajo es sagrado. Lo que ellos están tratando de dar, hacer, aprender y sacrificar es agradable al Señor."

La hermana Mullen también habló de la batalla que tienen los misioneros cuando regresan a casa antes de tiempo, siempre les preguntan: "¿Cuándo vas a volver al campo?"

Ella alienta a los miembros a tomar otro enfoque. "Sólo tienes que amarlos. Apoyarlos. Díganles que sabes que hicieron un buen trabajo. Diles: 'Estamos contentos de tenerte en casa. ¡Ahora relájate!'"

El consejo de Groll para los miembros y familias de los que regresan antes de tiempo, hizo eco de su madre de misión. "Sólo tienes que amarlo. Reconocerlos, decirles lo orgulloso que estás y no inmiscuirte. Estos misioneros realmente necesitan una familia fuerte en la iglesia".

"Nos gusta decir que opiniones no importan," Groll continuó, "pero es tan importante saber que eres amado. Déjennos saber que somos aceptados por lo que somos y por quienes nos estamos volviendo, incluso si nuestra misión no fue como la de los demás".

El ex misionero también quiere que los que sufren problemas de salud mental sepan que no hay nada de qué avergonzarse. Algunas misiones terminan antes por fractura de piernas, algunas por mononucleosis y otras por enfermedades mentales. "Un relevo honorable es un relevo honorable, punto", dijo Groll.

Por último, una vez que los misioneros están en casa, no importa el tiempo que servieron, Groll sugiere que se establezcan tres metas. "Una física, una mental y una espiritual. Es muy importante que tengamos enfoque y dirección".

Groll bloguea en logangroll.com.

Amiel es el gerente y editor de www.TodoSobreAmor.com donde se dan consejos de amor a las parejas y familias. Amiel tiene una licenciatura en Marketing y Comunicaciones de la Universidad Brigham Young

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